Las olivas negras de Joan Sfar y Emmanuel Guibert – Hablemos de BD

Este JUEVES 25 DE ABRIL, a las 6.30 p.m. en la diversa Bibliothèque David B. de la Alianza francesa de Pereira, en su club favorito de cómics a la francesa, Hablemos de BD (guiño-guiño), la invitación es a posar nuestros ojos y oídos en «Las olivas negras» de Joan Sfar y Emmanuel Guibert.

Tres volúmenes comprenden la serie «Las olivas negras» (2007), producto de dos de las cabezas más visibles y fértiles de la denominada «nouvelle bande dessinée», el movimiento de la historieta francófona alternativa que brotaría en los noventa y cuyos frutos cambiarían para siempre el sabor y el panorama del cómic europeo como lo conocemos.

Joan Sfar en el argumento y Emmanuel Guibert en la puesta en escena, juntan sus facultades para matricularnos en un viaje a la Palestina de hace dos mil años, con una rica galería de personajes poblada de figuras llamativas y peculiares que no por la distancia cronológica y geográfica dejan de sentirse próximas mientras se desplazan con agilidad sobre el tablero de un relato que aglutina una variedad de temas tan milenarios como contemporáneaos, cuestiones que atraviesan la médula de la naturaleza humana: la visceralidad de la relación padre-hijo, las relaciones de poder, la resistencia a la opresión, la concepción de propiedad y tenencia de la tierra, las disyuntivas entre lo inmediato y lo distante, lo colectivo y lo individual, las tensiones de género y de credo, la violencia: el miedo. Todos estos motivos son explorados con una superficialidad engañosa. Su auténtica profundidad, está ahí para quien aguce lo suficiente la mirada y el oído; hondura camuflada con pericia por Guibert gracias a la sobriedad luminosa de sus encuadres y su trazo.

El vigor y la fisura principal de los tomos se manifiesta en sus diálogos; varios detonan, entre viñeta y viñeta, reflexiones que empujan la narración más allá de la corteza —el diálogo de Adán con las serpientes, es uno de una tesitura amplia y poderosa—. También los hay que parecen revolcarse en lo gratuitamente soez, en el denso lodo del sexismo y la constante referencia a lo fálico, algo comprensible —¿justificable?— si se piensa que, casi con total certeza, los humanos que habitaron en ese entonces la siempre convulsa Judea lucían con naturalidad comportamientos semejantes, pero que no deja de ser cuestionable en una obra de nuestros tiempos.

El final puede resultar —por razones que dialogaremos en la sesión— aparatoso y desconcertante para muchos. Una llamada de auxilio, un grito cargado de angustia, para otros. Es, literalmente, una invitación a escuchar.